viernes, 27 de diciembre de 2013

Cabrones e hijos de. hay en todos sitios

Nos tiran de la lengua.
Esperando oír lo que quieren
sin saber escuchar

los latidos del corazón 
como golpes en la garganta
atascado entre cuerdas 
que estrangulan
vocales
abriéndose paso entre dientes
latiendo fuerte
fuentes
de emociones y miedos
vómitos sin suerte
mientras asienten,
ellos,
los muy cabrones,
con la sonrisa más puta
dibujada en la cara,
que aquí no ha pasado nada.

Se lavan las manos en sangre
se bañan en fango
y aún así con esas y con otras
creen salir mucho más limpios.

Se atreven a doler a ojos cerrados
como quien hace daño queriendo
sin querer
ser consciente de que lo ha logrado.

Nos tiran de la lengua.
Esperando oír lo que quieren
sin saber 
sin tener ni puta idea de.

Que el diablo sabe mucho más por viejo.

Nos tiran de la lengua
al cuello
y a matar.
Y no nos consiguen 
ni por las malas ni por las peores 
como todos ellos quieren:
siguiendo como ovejas al que dice ser pastor
por un campo muerto
con miedo a que ese perro viejo que ladra
sepa morder de verdad.

Y mucho menos olvidar que aquí seguimos,
que no estamos solos
que puestos a sudar
vamos a luchar 
hasta darlo todo
por un poco de estabilidad al volar.

jueves, 10 de octubre de 2013

Lejos

Te vi
y por un momento 
quise ser de humo para estar entre tus labios.
O color verde
para que me eligieras 
desde por la mañana, tal vez;
con carita de sueño(s)
e ir puesta en ti toda la noche.

Hubo miradas que me envidiaron
al abrazarnos la vida un momento
                                               y otro,
y el temblor de una sonrisa que empezó a romperse
al salir por la puerta
al separarnos,
donde nos encontramos por primera
- y deseo que no por última - 
vez.

Así que o vuelves
a llenarme de aquella forma las noches
y a vaciar las copas de bares como aquél,
o va a dolerme toda la poesía.
Mucho más.


martes, 8 de octubre de 2013

Caminos que no dejar de recorrer.

"Para educar
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino,
un poco de pirata
y un poco de poeta".

- Gabriel Celaya

"Educar 
es atreverse a hacer equilibrio
sobre la línea del horizonte.

Es lo que nadie ve
pero todos necesitamos".

- Diego Ojeda

Educar es un proceso de vida a muerte.
De caminos que nacen
se juntan
se enredan y entrelazan,
se separan
pero rara vez desaparecen
si no se abandonan; como los sueños.

Educar es convertir un camino de piedras
y tierra sin labrar
en un laberinto de flores
donde siempre buscas la salida junto a alguien
y esperas ser un buen compañero de viaje.

Flores que te miran al pasar,
viven de tu risa y crecen con tus llantos.
Caminos que son casa y hogar por las personas que pasan,
por las que se quedan
a enseñarte tantas cosas de la vida...
incluso cuando ya no están más que en tus recuerdos.

Educar es invertir siempre en un futuro 
y a veces pasar frío.
Decidir,
construir
y modelar.

Es estar actuando en la misma obra de teatro una y otra vez
pero con distintos protagonistas.
Es el tren que espera en la estación de la ignorancia
jugando al escondite con la incertidumbre
a que te subas
y utilices sólo tu billete de ida.

Educar es enseñar
a con-vivir,
a darle miedo al miedo
jugando a coger aviones por encima de éste.
Educar es luchar por lo que quieres.
Enseñar nuevos idiomas
para que un día,
los que, sin hablar, no supieron cómo hacerlo,
nos entiendan.

Es mirar una obra arte
con los ojos de adulto
y el corazón de un niño
en mitad de un museo.
Y sonreír.

Educar es como un poema sin acabar,
no salvarse de algo sin haberlo intentado,
borrar los verbos grises del diccionario.

Educar es coger todas las indiferencias en una mano,
llenar de sueños la otra,
mezclarlo todo,
y soplar con vocación la felicidad hacia adelante.

Educar es un verbo que engloba
todos los motivos por los que un niño
me hace seguir aquí, 
caminando,
incluso descalza.






Gracias, sin duda, a Diego Ojeda por la inspiración y por escribir "Caminos".

sábado, 5 de octubre de 2013

En otro de mis giros de tuerca
cuando le doy vueltas
y vueltas
a todo
te pedí estabilidad
y equilibrio
para dejar de tambalearme,
aunque sólo fuera un momento.
Me estaba mareando
el pasar de las horas,
la noche,
la vida;
y tú me pediste que dejase de jugar
con las metáforas.
Qué culpa tengo por querer sobrevivir
a las pesadillas,
al insomnio.
Que la vida no necesitaba más adornos
sino la puta verdad, decías.

Y la puta verdad es que sigues sin estar aquí.
Y yo
sigo jugando con las metáforas
(alejándome de todo).


"Con las metáforas no se juega. El amor puede surgir de una sola metáfora".

- La insoportable levedad del ser -

lunes, 9 de septiembre de 2013

Días árticos

I

De cuando los lunes intentan sonreír pero no les sale.
Y yo aquí
una tarde cualquiera de septiembre
pero distinta
con mi vida,
a solas conmigo,
a dos días de otro examen
que llegará en forma de hostia 
si no encuentra las respuestas correctas.


II


Hoy tampoco me sale
sonreír
sin tener que forzar una mueca 
para poner buena cara.

Lo siento.

Encima (y no de mí); es decir,
y para colmo,
los cantautores empiezan a darme por culo 
con sus canciones.

Otra vez.

Esas que no sé cómo no escuchar.
Esas que tampoco quiero dejar de escuchar.



III


No llueve pero podría empezar a hacerlo,
lo deseo,
por si me da por romperme 
del todo
en mitad de este poema
o lo que quiera que sea
o como quiera llamarse,
aunque quiera llamarse por tu nombre
y no por el mío
me da igual
(tengo todos los derechos de autor
pero la inmortalidad hace tiempo que va a tu nombre).



IV


He acabado contigo tantas veces en un folio
que entiendo que sigas vivo
después de resucitar a polvos
en una cama.

Ahora quieres que vuelva a matarte.

Cabrón.



V


El teléfono no suena cuando te espero,
y cuando no lo hago
y suena
rara vez eres tú.



VI


Deseo cumplido: ha empezado a llover.

Era algo que me temía cuando he mirado al cielo
y he visto a las nubes vestidas de negro
para asistir al funeral del sol 
en plena tarde.

La lluvia suena en mi tejado
en mi ventana
en la calle
en cualquier rincón
como un grupo de rock cuando estalla en un orgasmo
instrumental.

Sabes de lo que hablo.

Ahora podré camuflar mis lágrimas entre la lluvia
sin que nadie se de cuenta
si me da por llorar
mientras bailo.

Y poder salir a pisar charcos
y a mojarme la ropa
y calarme hasta los huesos
como antes
como cuando era una niña
pequeña.

Sin paraguas.

Esperando después una regañina
y un posible resfriado
sabiendo que sonreír había merecido la pena.



VII


Sé lo que duele caer
después de hacerlo una y otra vez.
Y las que me quedan.
Y las que nos quedan.
Y nunca serán suficientes.

Porque querer duele.
Quererte
me duele
pero mucho más cuando no me quiero tanto.

Pero mucho menos cuando te tiras al suelo conmigo.

Y me abrazas sin pedirlo.



VIII


Ven, tengo un nuevo precipicio.
No te lleves el paracaídas.
Sólo cree que somos gatos
y caeremos de pie.



IX


Estoy a dos semanas de cumplir años
de saltar a mi segunda década de vida
de cerrar el mes de virgo
de acabar con septiembre en cualquier sitio
besándole en la boca,
y mi madre me recuerda como si hubiera nacido ayer.

Creo que tiene miedo de verme crecer tan rápido.

Sigo siendo la misma chica de ayer
pero un poco distinta.

Y yo hoy lo intento hacer bien,
pero no me sale
sonreír
sin tener que forzar una mueca
otra vez
para poner buena cara.



X


En los días de lluvia 
sin ti
me convierto en naufraga
de un barco a la deriva
en busca de una isla 
donde poder poner de una puta vez
los pies sobre tierra.

En días de lluvia,
en días como hoy,
los semáforos son manchas
tras el agua que cae luna abajo 
del coche
y no puedo distinguir las caras de la gente
que camina hacia no sé dónde,
no puedo distinguir si delante de mí
o cerca
estás tú
esperando a que te salven
mientras el semáforo está en rojo.

Y salvarnos.



XI


Lo que te preocupa es que se folle a otra,
y sonría
como nunca antes.

Y te entiendo.

Joder, claro que te entiendo.



XII


FUSIÓN.

Es lo que hace la noche con los días,
tu cuerpo con el mío
eyaculando sentimientos.

Lo siento
pero no voy a dejarte en paz
a ti que viniste proponiendo guerra.



XIII


Días árticos.
Hace frío.

Te necesito.