"Las estaciones en las que ya no me esperas desde hace tanto tiempo,
te tienen grabado a fuego
te tienen grabado a fuego
en la esquina donde destilabas paciencia con tu sonrisa al verme llegar,
esperando a que un día
solucionase mis problemas con el despertador y llegase a tiempo".
- Marina Rodrigo -
esperando a que un día
solucionase mis problemas con el despertador y llegase a tiempo".
- Marina Rodrigo -
Alguien me dijo una vez que los viajes de ida
se hacen mucho más
largos
que los de vuelta.
Y no queda otra que dar
vueltas en la cama
a sabiendas de que te
largarás horas más tarde
y que, aun queriendo,
no puedo pedirte que te
quedes.
Pero sí te pediré que
vuelvas.
Eso siempre.
Y es que el jodido y
estúpido
"nos vemos cuando
vuelvas"
esconde mucho más de lo
que aparenta.
Y es que siempre he
odiado las despedidas
por miedo a que a esa
persona , se le olvide volver.
(Y tú, pequeña, si haces
eso,
si te olvidas de cómo
volver,
salgo corriendo a
buscarte.
Tenlo claro).
Y en las estaciones,
esas que me da miedo
pisar,
tiemblo.
Y se (me) empiezan a
caer las primeras hojas
(cargadas de palabras,
esas que debería decirte y no te digo.
Esas que te escribo),
al suelo.
También las lágrimas,
que bailan en mitad de
las sonrisas,
por no inundarte más la
vida de nostalgia.
Y las miradas, que
reflejan un "nos vemos pronto"
(y ojalá ese
"pronto", esta vez, sea cuestión de poco tiempo).
Y los abrazos,
esos que ojalá fueran
tan fuertes como para
no poder despegarte de
mis brazos,
para no dejarte marchar,
para no dejar que te
subas a ese tren.
y evitar que tengamos que empezar
a contar kilómetros
en sentido contrario a
casa.
(Y es que si antes de
irte
te doy un abrazo de
esos,
de los de “quédate”,
no te dejaría que te
subieras al tren.
No te dejaría.
Porque, joder, se nota
mucho tu ausencia
después de estar
diecinueve años,
casi veinte,
juntas
como unas veinticuatro
horas al día.
Y sí,
JODER,
no hay cosa
que más odie que te vayas
y que sea Madrid la que
te vea reír
y también llorar.
Y no ser yo la que te
intente hacer reír
cuando no sepas cómo
levantarte del suelo.
Y conseguirlo,
conseguir que te
levantes
y bailes.
Y saltes.
Y que me mires
y otra vez, de infinitas,
me digas que estoy algo
loca
y que sigo siendo una
impuntual).
Y, joder, qué hostias me dan las puertas del vagón
al cerrarse.
El pitido del tren que simula un "au revorir"
y el "clack, clack, clack..." entre las vías.
Y qué lento se pasa el
tiempo
mientras espero que
todo esto ocurra a la inversa.
Y vuelvas.