domingo, 25 de octubre de 2015

Quiero leer tantos libros que me jode que toda una vida sea tan corta

Esta es la lista, desordenada, de libros que me han acompañado a lo largo de este último, interesante e intenso año. Será una lista que me gustaría ir ampliando, en mayor o menor medida, a menudo. 


Leed por placer o, al menos, disfrutad de lo que decidís leer. 
Luego, releed.


Ojalá nos sigamos encontrando entre páginas llenas de literatura y poesía.



año 2015

  1. La paciencia de los árboles, María Sotomayor. ED: Le Tour 1987.
  2. La herida en la lengua, Chantal Maillard. ED: Tusquets.
  3. Frida Kahlo, Rauda Jamis. ED: Circe.
  4. Ovulada, Amanda Durán. ED: Amargord.
  5. El cielo oblicuo, Belén García Abia. ED: Errata naturae.
  6. La edad de merecer, Berta García Faet. ED: La Bella Varsovia.
  7. El hospital de las muñecas, Begoña Callejón. ED: Vituvio.
  8. Milk and honey/ Leche y miel, Rupi Kaur. 
  9. Un día negro en una casa de mentira, Elena Medel. ED: Visor.
  10. Series poéticas: mil novecientos violeta. Antología. ED: El Gaviero.
  11. Siamesa, María Ramos. ED: El Gaviero.
  12. Los reyes subterráneos: veinte poetas jóvenes de México. Antología. ED: La Bella Varsovia.
  13. Apuestas: nueve nuevos poetas. Antología. ED: La Bella Varsovia.
  14. Tenían veinte años y estaban locos. Antología. ED: La Bella Varsovia.
  15. Cinco panes de cebada, Lucía Baquedano. ED: Gran angular.
  16. Tanto en ti, Nerea Delgado. ED: Origami.
  17. Todos mis futuros son contigo, Marwan. ED: Planeta.
  18. El amor es el crimen perfecto, Carlos Salem. ED: Ya lo dijo Casimiro Parker.
  19. Si Dios me pide un bloody mary, Carlos Salem. ED: Ya lo dijo Casimiro Parker.
  20. Berlín no se acaba en un círculo, Sara R. Gallardo. ED: Ya lo dijo Casimiro Parker.
  21. Circo de quimeras, Pablo Benavente. ED: Harpo.
  22. Almudena, Luis García Montero. ED: Valparaíso.
  23. Los estómagos, Luna Miguel. ED: La Bella Varsovia.
  24. La edad atómica, Gerardo Grande. ED: La Bella Varsovia.
  25. El silencio de las bestias, Unai Velasco. ED: La Bella Varsovia.
  26. Cronología del óxido, Pablo Monforte. ED: Harpo.
  27. La revolución de la palabra, Joan Camps. ED: Saudade.
  28. La lógica de la primavera, César Ulla. ED: Saudade.
  29. En resumidas cuentas, José Emilio Pacheco. ED: Visor.
  30. Beat attitude. Antología de mujeres poetas de la generación beat, Annalisa Marí Pegrum. ED: Bartleby.
  31. Sexo tras unos días sin vernos, Tao Lin. ED: Alpha decay.
  32. Cuaderno [...] duelo, Miguel Ángel Hernández Navarro. ED: Nausícaä.
  33. Inmune, Almudena Vega. ED: Ediciones en huida.
  34. Una chica azul, Lara Moreno-Ventas Losada. ED: Ediciones en huida.
  35. Castigo divino el de matarnos los domingos, María Part. ED: Ediciones en huida.
  36. Arquitectura interior, Esteban Belmonte.
  37. Dientes de Leche, Dara Scully. Leído en ISSUU.
  38. Lo que yo quería deciros, José Miguel Campos. ED: Lapsus Calami.
  39. El cadáver presenta, Paula Aguirrezabala. ED: Lapsus Calami.
  40. Maya o sangre, María López Morales. ED: Lapsus Calami.
  41. Grecia, Irene X. ED: Origami.
  42. Amar la herida, Carmen Juan Romero. ED: La Bella Varsovia.
  43. Manual de psiconáutica, Amarna Miller. ED: Lapsus Calami.
  44. Mala digestión. Fanzine, Henar Bengale.
  45. Aquelarre tercero. Hijo morado. Fanzine de El trígono, Henar Bengale. 
  46. Tus ramas/ mis huesos, Dara Scully. Leído en ISSUU.
  47. A las órdenes del viento, Raquel Lanseros. ED: Valparaíso.
  48. Cosas de niños, David Wagner. ED: Errata naturae.
  49. Todo ajeno, Natalia Litvinova. ED: Vaso Roto.
  50. Grieta, Natalia Litvinova. ED: Amargord.
  51. Cara B, José Miguel Campos. ED: La Indolente.
  52. Sleeping Beasts, Dara Scully.
  53. El pecho de las flores, Lara Moreno-Ventas Losada. Fanzine.
  54. Arrancad las semillas, fusilad a los niños, Kenzaburo Oé. ED: Anagrama.
  55. Cartografía básica, Blas Martínez. 
  56. Unilateral, Karina Montero.
  57. Poesía reunida, Cristina Peri Rosi. ED: Lumen.
  58. Equus, Irene Cruz y Carmen Juan.
  59. Escuelas creativas, la revolución que está transformando la educación, Ken Robinson. ED: Grijalbo.
  60. Cosas de niños, David Wagner. ED: Errata naturae.
  61. Hormigas en el aire, Elena Barrio. ED: Valparaíso. 
  62. Hilos, Chantal Maillard. ED: Tusquets.
  63. También esto pasará, Milena Busquets. ED: Anagrama.
  64. No me llores, Irene X. ED: Harpo Libros.
  65. ¡Melisande!¿Qué son los sueños?, Hillen Harkin. ED: Libros de Asteroide.
  66. Tic tac, toc toc, Isabel García Mellado. ED: Ya lo dijo Casimiro Parker.





Aún nos queda mucho
por leer
por disfrutar
por aprender
por enseñar
por soñar
por vivir
por herir
por doler
por amar y
por escribir.

jueves, 8 de octubre de 2015

Su ombligo es miel de abeja vieja.

Sus ojos son dos girasoles ciegos,
              una vela consumiéndose.

Sus manos son las pinzas endebles que
                       sujetaban su fino cabello
                        cuando era niña.

Su boca es un túnel donde no existe la luz,
       un parque sin niños donde jugar a reír,
       un parque donde jugar a ser niños eternamente,
       un manantial de agua turbia por miedo.

Su cuerpo es el sueño de la vida
                          oliendo a lluvia.

Su piel tiene el color de un recién nacido
                                   a punto de morirse.

Sus piernas han decidido abandonar el camino y
          permanecer inmóviles el resto de la huida.

Sus oídos siguen atentos a cada pizca de viento
                                                         que sopla y
                                               le mueve la blusa,
        sus oídos siguen conociendo las canciones
                                          que ya nadie le canta
-por eso llora,
no quiere caer en el silencio
irrompible.-

Sus caderas se han acabado rompiendo con los
pasos de baile que no da con el amor de su vida.
                                         Los médicos aseguran
              que la recuperación será larga y pesada.

Ha olvidado el nombre de quien la trajo al mundo
y de quien la cuida hoy, desde hace tiempo y para siempre.

Besa, con sus labios temblorosos y agrietados,
                       cada mañana las manos de papá
                       en una fotografía.

Ansía los hijos de más que no tuvo entonces
ahora anclados como semillas en su diminuto vientre púrpura,
                                       mamando luego al nacer
                                       de su pecho.

Se tumba en la cama
y reza que quiere acompañar a Dios
                allá donde quiera que esté.

Tiene la fuerza de quien llora cuando es consciente
                                  de la muerte de un ser querido.

                                  Patalea.

                                  Gime.

                                  Se enfada.

Llora como si rompiera a reír
                            a carcajadas
mientras se devasta por dentro
                    su mundo interior.

Cree que está sola,
pero no se ha marchado nadie
que no haya arrancado la muerte de su lado.


miércoles, 1 de julio de 2015

Cuando beso tu boca
no existe el miedo.
Desde que existes 
en mi vida y
comparto la vida contigo,
creo en el amor
y te amo
porque me enseñaste
y me enseñas 
a diario
a quererme
a mí primero.

domingo, 24 de mayo de 2015

Apriétame contra tu pecho si me ves llorar



Lo siento.

Siento si a veces no me sale la voz
para decir te quiero.

Lo siento

               t  a  n  t  o

que acabo llorándote
esas dos palabras
y todos mis sentimientos
en tu hombro izquierdo
mientras te abrazo.
Como si me fuera a despedir de ti
para siempre sin querer hacerlo.
Sin querer despedirme de ti.

Como si fuera la niña del parque
que ha perdido de vista a su madre
por un momento
y deja de jugar,
sin saber a dónde ir
ni qué hacer
ni a quién preguntar si la ha visto.
A ella. A quien le dio la vida. A Mamá.

Como si la sal de mis lágrimas
solo fueran capaces de curar
un corazón: el tuyo.

Como si mi voz sonase constantemente
a cristales estrellándose contra el suelo.
A mi vida estrellándose contra el suelo.

Déjame llorar,
no evites que lo haga.
No temas.
No me temas.
No me tengas miedo.

Déjame llorar,
déjame renacer en cada lágrima
mientras me aprietas contra tu pecho
y me acaricias el pelo
en silencio.

Sé que es contigo,
que eres tú
entre tantas personas,
con quien puedo hacerlo.

Sé que eres tú
con quien mis lágrimas
y la vida
duele menos.

domingo, 5 de abril de 2015

El vientre
que es bestia,
que es hogar,
que es vida,
que es duda,
que es sangre.

El vientre
que es bosque,
que es ciervo,
que es ceguera 
y hambre,
que es tumba,
que es miedo,
que son alas,
que no es vuelo,
que es grito.

El vientre
que es verdad,
que es madre,
que es nido,
que no es pájaro.

El vientre
que es quimera,
que es llanto,
que es desgarro,
que no existe.

miércoles, 21 de enero de 2015

Metáforas en el vientre

"no he nacido
no he muerto"

Alejandra Pizarnik



El sol le nace en el vientre
a la mujer más bella de mi vida.
Esa que aún no es niña.
Esa que aún no es.

La he soñado.
Tenía los ojos del color de
las cosas que mira.

Su boca,
perfectamente
alineada con la vida.
Intensa de mente y corazón.

No se parecía demasiado a mí,
pero era nuestra.

Pero aún no.

sábado, 11 de octubre de 2014

Tres susurros
en clave de "bah,
no quiero vivir."
Un grito.
Y otro.
Otro más.

Nadie contesta.
Nadie nunca lo hizo,
pero todos rieron
mientras pedía auxilio.

Le pesa más el alma
dolida, maltratada,
que el cuerpo.

Todos rieron.
Todos ríen, dándole siempre
la cruz
que ella lleva a cuestas
cuando se desploma.
Nunca dan la cara.
Temen las consecuencias.
Nunca nadie es tan fuerte
como aparenta.

Las apariencias, ya las conoces.
A los hijos de puta, también.
Se les ve venir.

Ella se soltó el pelo,
deshizo su trenza.
Lo dejó caer en su espalda,
libre,
como no pudo ser.
Hasta ahora. 
Esta vez ella elegía.
Ella, nadie más.

Un llanto le nace de dentro
de las heridas,
aún abiertas,
aún sangrando,
al ver un mechón de pelo
caer al suelo.

-"Lo siento"- se dice.

Un llanto amargo
que no cesa,
que no cura,
que ahoga.

Un grito.

Nadie contesta.

Su piel, blanca
como la luz al final del túnel.
Ya no alberga esperanza alguna.
Pocas veces la ha besado el sol
para estar tan llena de pecas.

Odiaba que otros odiaran sus pecas.
Era lo único que tenía.
Es lo que más ama.
Odiaba odiar estar rozando con los dedos
el filo de la navaja que llevaba en las manos.
Era frío. Se daba miedo a sí misma.
Se tenía pánico
en ese instante
que lo cambiaría todo.
Se había desnudado ya de valor.

Ahora la prisa por vivir es la misma
que la hace querer estar muerta.

Ya no hay gritos
ni llantos
ni susurros.
Ahora sólo queda el continuo goteo
de su sangre marcando el tiempo 
muerto, manchando los pétalos
de las flores del parque
que tiene a su alrededor,
la tierra aún húmeda de la lluvia
de la noche anterior,
haciendo que el silencio,
una vez más,
no exista.

Poco a poco 
se irá apagando su vida
para que nadie más ría.

Demasiado tarde 
para llorar por ella.

lunes, 18 de agosto de 2014

Necesidad vital


"Cada vez me atormenta más la incapacidad de hilar un pensamiento".

-A. Pizarnik-


No sé durante cuánto tiempo
mi memoria será
capaz
de almacenar recuerdos,
de recordar recuerdos
por sí sola.
Por el propio paso del tiempo.
              peso

No sé hasta qué punto será
consciente 
mi desordenada mente
de lo real,
de lo ya vivido,
de lo i(ni)maginable,
de los sueños aún en estado de espera,
de los sueños rotos,
también de los ya cumplidos.
De quién ha vivido
o está viviendo en mí. Ahora.
En unas horas, meses, años.
Cuando quiera que se lo pueda preguntar
y se lo pregunte.
Con quién comparto latidos.
Por quién. Por qué.

De mis ganas de vivir
después de morir unas cuántas veces
cada cierto tiempo.

Después y durante cada arañazo,
                       golpe.
Antes.

Del sexo.
De nuestra forma de amar,
                    querer(nos destrozar).

No sé hasta qué punto podrá
saber quién soy.
Reconocerme.

Por eso escribo.
Por eso me encantan las fotografías.
Fotografiar.

Es más,
es una necesidad vital.
Como respirar.

Mi necesidad vital,
como amar.
Amarte.

Como el mar, inmenso.

Por eso.
Por no querer olvidar.
Por el miedo al hueco que deja lleno
de vacío el olvido.

Por estar al borde de,
sin dejar de mirar
ni dejar de vivir.

Por ti.
Por mí.
Por la vida.
Por MI vida.
Por este miedo que 
me recorre los huesos.
Por este miedo que se corre
en mí, muy a mi pesar.

martes, 12 de agosto de 2014

La libertad del salvaje huracán

"Porque los nombres que pronunciabas antes ya no son los 
                                mismos
han cambiado los sonidos de todas las ciudades en las que 
                                     viviste
ya no ocurre igual dentro de tu pecho
ni en esta habitación
ni en esta palabra
ni en ningún idioma."


- Isabel García Mellado -


Vivo la poesía con daños, con amor,
con rabia, con distancia, con tiempo al tiempo,
con miedo al silencio.
Con silencio.
A gritos.
A besos.
A versos.
En mi propio eco
como en tu garganta.
En otros cuerpos.
En otros nombres.
Hombres.
Tú no.
Tú ya no.

Nunca más 
siempre
contigo.

Abriendo heridas
como si abriera cartas que llegan
cuando menos me espero.
Que lleguen.
Que seas tú.

Vivo. Dejándome moldear por otras manos
-que sujetan fuerte
pero sin ahogar-
la piel, las caricias.
Como quiero.
Cómo quiero.

Qué tacto tenías, joder. Que haberte pillado
las manos en las ventanas que cerrabas
para salir de espaldas por la misma puerta 
de entrada.
Entreabierta. Para otras.

Eras jaula.
Me abrí en ti
para escapar.

Vivo la poesía con doble de hielo y 
sin la prisa
con la que no pude vivirte a ti.
Con nostalgia. De mí.
Con saliva propia y de otros
para cicatrizar heridas
aunque el veneno de otras bocas
escueza. Como tú.

Guardando las maneras 
(con que nos teníamos)
y perdiendo las formas 
de encontrarnos de nuevo,
más viejos. Sí.
Pero, tal vez, más felices
aún habiéndonos dejado. Tan rotos.
Tan llenos de,
tan abandonados,
tan descuidados.

Fuimos.

Tantas palabras
haciendo de única arma mortal.
Cabezas que vuelan. Corazones.

Sólo sexo.
Tú lo llamaste amor
y no me lo creí.
No pudiste demostrarlo
tal y como me querías:
desnuda para ti
y también para otros.
Siendo pájaro entre cientos de cuervos volando
esperando matar.
Matarme.
Por hambre.

Siendo el polvo que queda acumulado 
en superficies, pero por superficialidad.
Después de nuestro último polvo. Cenizas.
Durante.
Arañazos.
Derrumbe.
Porno.
Desastre.
Poesía.
Frenesí.
Curiosidad.
Soledad.
Cáncer emocional,
de sueños.

Qué hostia te has dado
conmigo.

Después de ti
sé que existe la vida
en nuevos principios.
En mejores precipicios.

En peores lluvias aprendí 
a bailar mejores tangos.
Descalza sobre cristales.

Sigo.




Saltando

sin paracaídas.
Ahora no caigo; vuelo.
Más. Bien.

martes, 5 de agosto de 2014

No te acabes nunca

Ahora te miro y siento
que el mundo cobra sentido a tu paso.
Saber que estás
y tienes ganas de seguir
quedándote
despliega mis alas,
llenándome de ganas 
de volar contigo.

Ahora mi risa es más fresca,
más viva,
si comparto la vida
contigo.

       A tu lado.

Joder, nunca he visto a nadie
tan desnudo como aquella noche
en la que, con sólo mirarme,
ya me lo empezaste a contar todo.

Miré tus manos.
En una de ellas sujetabas
mi tercio de cerveza,
mientras me atusaba el pelo.
Y en la otra
tenías la venda 
llena de nubes negras
que me había cegado hasta entonces.

Luego me besaste,
devolviéndome la libertad
estando en una jaula rota.
-Ésto vino días después.-

Qué lluvia más amarga
se tragaron mis ojos
cuando te negué un abrazo.
No quería que me vieras 
dolerme así.
No quería 
dolerte,
como si abrazases cristal
en mil pedazos.
Eso era.
Qué si no.

Nunca he visto a nadie
tan fiero y frágil,
independientemente de si
llevaba puesta o no la ropa,
como te vi a ti.

Sentí algo tan intenso
e inexplicable
que ni siquiera ahora
me atrevo a ponerle muchas palabras
ni ningún nombre
a todo lo que eres,
a todo lo que te has convertido para mí
en la vida.

A lo que somos.

Pero sé que eres tú,
que es tu aliento el que quiero
por las mañanas
nada más despertarme y retorcerme
aún de sueño(s) en la cama.

Y en las siestas.

Que me sigas dando besos en la nariz.
Que no te acabes nunca.

Que es tu piel la que quiero
jugando a ser una
con la mía.

Una única piel: la nuestra.

                  N O S O T R O S
                  fundidos
                  en un solo ser.

Que no podamos distinguir 
nuestros límites
porque seamos uno 
la continuación
del otro.

Que son tus ojos y tus manos 
las que quiero que me entiendan
sin contarte a penas nada.

Que hay precipicios llenos de besos,
sexo y amor.
Que tú los eres todos en un solo cuerpo.

¡Qué vértigo!, pero aún así,
cómo no dejarme caer en ti.
Cómo no saltar contigo.

sábado, 26 de julio de 2014

La nostalgia me alborota el color de las horas

Los días que se asemejan
a vivir en blanco y negro
es cuando más ganas tengo
de volver a tenerte enfrente
y dejarme caer,
cual suicida al borde de un puente,
en tu mirada.

Qué suerte tienes de tenerte,
de poder mirarte a los ojos a diario.

Saber que eres real.

Qué ganas tengo de verte
y volver a encontrarme en ti.

De ser pájaro libre

                  v
                   o
                    l
                     a
                    n
                   d
                  o  

en tus brazos,
de no sentirme como una niña
sola en un parque.

Sin nadie con quien jugar
mirando unos columpios rotos.