domingo, 7 de abril de 2013

Con-tratos (jamás leí la letra pequeña).



"Lo único que nos va a costar es desacostumbrarnos de nosotros
no el hecho de dejarnos de querer.

- Sara Blanco - 

No sé si leímos las condiciones y términos de uso
de la distancia
antes de firmarlos
(ni siquiera sé si firmamos algo).
Tampoco sé si existe un manual de cómo sobrevivir
a los kilómetros
(y si lo hay, si existe, tampoco lo quiero),
como tampoco sé si debería escribirte ésto.

Creo que nos saltamos todos y cada uno de esos pasos,
todas y cada una de las reglas,
y nos lanzamos así, sin más,
a ojos vendados,
a intentar darle un par de vueltas al mundo
para ver si nos ponía,
juntos,
en algún sitio.

Que yo “sólo quiero un puñetero punto geográfico
donde poder encontrarte y donde poder perderme
contigo”.

Y eso, tú, no terminas de entenderlo.

Me vas a tener que perdonar por los errores no cometidos,
por las noches que te debo,
y por todos y cada uno de los besos que aún no he podido darte.
También lo vas a tener que hacer
por echarte de menos, más de lo creía, a mi manera.
Y sigo sin entender cómo se puede echar de menos algo que no has tenido nunca.

También me vas a tener que perdonar por mis silencios
o los poemas (que suelen estar, alguna veces, de más).

Por las noches que no acaban en un “buenos días”
en tu cama.
Y, también, por no saber quererte a medias.
Que siempre he pensado que querer a medias
no es querer en realidad.
Que sabes que contigo me juego la vida
a todo o nada.

Que hay que tener cojones a enamorarse,
porque hay que tener el valor de dejar el orgullo a un lado
y ser capaces de romper nuestros propios esquemas,
nuestros propios límites y nuestras propias promesas de
“no lo volveré a hacer.
Una y no más”.

Y tú entraste en mi vida con pasitos cortos
pero decididos.
Y bueno, también has desplegado tus alas
y has revuelto un poco mi caos.

Pero no puedo obligarte a que te quedes
aunque sí te lo pienso pedir,
porque no me gusta que te vayas.
(No es que no me guste,
es que tampoco quiero que lo hagas,
que te vayas).

Y perdona si me tiemblan las palabras alguna vez
pero, para qué mentir,
hasta ahora tú has sido mi mejor “buenas noches”.

Y sí, algunas veces me dan ganas de mandarlo todo a la mierda,
porque no veo en túneles a oscuras.

Y no sé,
esto no es una declaración de intenciones
ni tampoco se parece demasiado a un poema,
pero con nudos de dos lazos en la garganta
ya me dirás cómo coño sobrevivir
sin reventar, que ya no es ahogarse
es algo más.





13 comentarios:

  1. Ojalá ese manual, ojalá poder querer a medias, ojalá cumplir las promesas que te haces a ti mismo.
    Ojalá que sigas escribiendo entradas que son para mí, balas directas al corazón.
    Porque me has escrito en estas palabras, has sabido plasmar lo que yo soy incapaz.
    Y sí, algunas veces a mí también me dan ganas de mandarlo todo a la mierda porque no veo en túneles a oscuras.

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  2. Me encanta Sara Blanco y también soy de las que no leen la letra pequeña.

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  3. y ¿dónde están los besos que te debo?
    En una cajita
    que nunca llevo el corazón encima
    por si me lo quitan.
    y ¿dónde están los besos que me debes?
    En cualquier esquina,
    cansados de vivir en tu boquita
    siempre a la deriva

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  4. Uno de tus poemas vale por muchos silencios.

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  5. Yo pido justo lo mismo que tú... y no, no pedimos tanto y estoy segura de que nos lo merecemos y lo conseguiremos algún día!

    Besos, y ánimo.

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  6. Pues a mi me ha parecido una de las mejores formas de pedirlo, sin duda.

    Cuídate.

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  7. Declaración de intenciones, contrato sin leer, poema o manual de instrucciones....
    No debe ser ninguna de esas opciones. Lo digo porque se entiende muy clarito. Por cierto, científicos de una universidad yanqui han descubierto la imposibilidad de sobrevivir sin reventar. No será consuelo, supongo. Un abrazo

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  8. me gusta ver la poesía como un imán de emociones.
    leer tu poesía me emociona.
    un abrazo.

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  9. No pides mucho, mientras esa persona no crea que eso que pides estaba en tu contrato en letras chiquitas... que sea todo a la inversa.
    Me encanta tu texto.

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  10. hacía ya tiempo q no me pasaba por aquí!! y menos mal que lo he hecho.. oye, que a veces (y digo a veces) la letra pequeña es lo que menos importa :)

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  11. Como bien dices, enamorarse es todo un acto de valor, por los sacrificios que implica, por todo lo que entregas de ti mismo y que puede no ser correspondido de la misma manera.

    La distancia siempre pone a prueba una relación y el verdadero amor, porque por esa persona a la que se ama se recorre la distancia que haga falta, es algo que he hecho y de lo que he sido testigo. Si el amor impulsa no hay distancia que valga, se puede estar muy cerca de alguien a miles de kilómetros de distancia y muy lejos de alguien que vive a dos manzanas de tu casa.

    Un abrazo

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  12. Presento mis respetos.

    El abismo más insalvable es el que se abre en la más estrecha línea. Lo que está lejano puede alcanzarse, pero lo inalcanzable está siempre a un paso.
    El abismo separa no por su anchura, sino por su profundidad. Aparentemente, el otro lado está a la mano, a un pequeño salto.
    Esa es la ambigüedad del abismo. Parte de su fuerza procede de su engañosa estrechez, de la cercanía con que nos ofrece la otra orilla. Podemos verla, imaginarnos en ella, casi tocarla. Un casi que es un infinito. Ésa es su añagaza, pues lo que cuesta, pero vemos cerca, lo dejamos sin realizar, porque pensamos que siempre, en cualquier momento podremos realizarlo.
    Platón hablaba de un abismo entre el mundo sensible y el inteligible. ¿ Por qué ?, ¿ no indica su imagen de la línea precisamente la continuidad entre ambos ? Ambas cosas no se excluyen, el abismo mantiene la continuidad porque su separación no es longitudinal, sino profunda. Saltar esa fosa supone un esfuerzo especial, y transfigura a la persona.
    Un modo del abismo es la distancia entre pensamiento y acción. El pensamiento, la imaginación, la fantasía, es algo que permite el abismo, a lo que incita el abismo. Pensamos, imaginamos, fantaseamos como si estuvieramos ya en el otro lado. Marginamos en nuestra mente la acción, la damos incluso por supuesta. Y, si nos decidimos a ejecutarla alguna vez, nos damos cuenta entonces de una extraña e invencible resistencia, con la que no habíamos contado. Hay miedo, o hay pereza, y nos traban los pies.
    Me pregunto por qué no saltamos los abismos. Si hay alguna imposibilidad dictada por nuestro destino individual ( entonces " insalvable " o " invencible resistencia " no son exageraciones ) o si se trata, como parace a primera vista, de una elección costosa ( entonces sí lo son ).
    Y también me pregunto por los abismos no saltados nunca. Son las vidas que pudimos vivir y no vivimos, y destilan un dolor especial las noches de insomnio. Creo que, de algún modo, son un adelanto de la muerte.

    Un saludo.

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