El vientre
que es bestia,
que es hogar,
que es vida,
que es duda,
que es sangre.
El vientre
que es bosque,
que es ciervo,
que es ceguera
y hambre,
que es tumba,
que es miedo,
que son alas,
que no es vuelo,
que es grito.
El vientre
que es verdad,
que es madre,
que es nido,
que no es pájaro.
El vientre
que es quimera,
que es llanto,
que es desgarro,
que no existe.
"Me contaron que saber retórica es como saber amar con la palabra exacta. (...) Me contaron. Me convencieron. Que saber amar no es como saber amar. O sí. Quizá. Amar, pero más fuerte". - Luna Miguel -
domingo, 5 de abril de 2015
miércoles, 21 de enero de 2015
Metáforas en el vientre
"no he nacido
no he muerto"
Alejandra Pizarnik
El sol le nace en el vientre
a la mujer más bella de mi vida.
Esa que aún no es niña.
Esa que aún no es.
La he soñado.
Tenía los ojos del color de
las cosas que mira.
Su boca,
perfectamente
alineada con la vida.
Intensa de mente y corazón.
No se parecía demasiado a mí,
pero era nuestra.
Pero aún no.
sábado, 11 de octubre de 2014
Tres susurros
en clave de "bah,
no quiero vivir."
Un grito.
Y otro.
Otro más.
Nadie contesta.
Nadie nunca lo hizo,
pero todos rieron
mientras pedía auxilio.
Le pesa más el alma
dolida, maltratada,
que el cuerpo.
Todos rieron.
Todos ríen, dándole siempre
la cruz
que ella lleva a cuestas
cuando se desploma.
Nunca dan la cara.
Temen las consecuencias.
Nunca nadie es tan fuerte
como aparenta.
Las apariencias, ya las conoces.
A los hijos de puta, también.
Se les ve venir.
Ella se soltó el pelo,
deshizo su trenza.
Lo dejó caer en su espalda,
libre,
como no pudo ser.
Hasta ahora.
Esta vez ella elegía.
Ella, nadie más.
Un llanto le nace de dentro
de las heridas,
aún abiertas,
aún sangrando,
al ver un mechón de pelo
caer al suelo.
-"Lo siento"- se dice.
Un llanto amargo
que no cesa,
que no cura,
que ahoga.
Un grito.
Nadie contesta.
Su piel, blanca
como la luz al final del túnel.
Ya no alberga esperanza alguna.
Pocas veces la ha besado el sol
para estar tan llena de pecas.
Odiaba que otros odiaran sus pecas.
Era lo único que tenía.
Es lo que más ama.
Odiaba odiar estar rozando con los dedos
el filo de la navaja que llevaba en las manos.
Era frío. Se daba miedo a sí misma.
Se tenía pánico
en ese instante
que lo cambiaría todo.
Se había desnudado ya de valor.
Ahora la prisa por vivir es la misma
que la hace querer estar muerta.
Ya no hay gritos
ni llantos
ni susurros.
Ahora sólo queda el continuo goteo
de su sangre marcando el tiempo
muerto, manchando los pétalos
de las flores del parque
que tiene a su alrededor,
la tierra aún húmeda de la lluvia
de la noche anterior,
haciendo que el silencio,
una vez más,
no exista.
Poco a poco
se irá apagando su vida
para que nadie más ría.
Demasiado tarde
para llorar por ella.
en clave de "bah,
no quiero vivir."
Un grito.
Y otro.
Otro más.
Nadie contesta.
Nadie nunca lo hizo,
pero todos rieron
mientras pedía auxilio.
Le pesa más el alma
dolida, maltratada,
que el cuerpo.
Todos rieron.
Todos ríen, dándole siempre
la cruz
que ella lleva a cuestas
cuando se desploma.
Nunca dan la cara.
Temen las consecuencias.
Nunca nadie es tan fuerte
como aparenta.
Las apariencias, ya las conoces.
A los hijos de puta, también.
Se les ve venir.
Ella se soltó el pelo,
deshizo su trenza.
Lo dejó caer en su espalda,
libre,
como no pudo ser.
Hasta ahora.
Esta vez ella elegía.
Ella, nadie más.
Un llanto le nace de dentro
de las heridas,
aún abiertas,
aún sangrando,
al ver un mechón de pelo
caer al suelo.
-"Lo siento"- se dice.
Un llanto amargo
que no cesa,
que no cura,
que ahoga.
Un grito.
Nadie contesta.
Su piel, blanca
como la luz al final del túnel.
Ya no alberga esperanza alguna.
Pocas veces la ha besado el sol
para estar tan llena de pecas.
Odiaba que otros odiaran sus pecas.
Era lo único que tenía.
Es lo que más ama.
Odiaba odiar estar rozando con los dedos
el filo de la navaja que llevaba en las manos.
Era frío. Se daba miedo a sí misma.
Se tenía pánico
en ese instante
que lo cambiaría todo.
Se había desnudado ya de valor.
Ahora la prisa por vivir es la misma
que la hace querer estar muerta.
Ya no hay gritos
ni llantos
ni susurros.
Ahora sólo queda el continuo goteo
de su sangre marcando el tiempo
muerto, manchando los pétalos
de las flores del parque
que tiene a su alrededor,
la tierra aún húmeda de la lluvia
de la noche anterior,
haciendo que el silencio,
una vez más,
no exista.
Poco a poco
se irá apagando su vida
para que nadie más ría.
Demasiado tarde
para llorar por ella.
lunes, 18 de agosto de 2014
Necesidad vital
"Cada vez me atormenta más la incapacidad de hilar un pensamiento".
-A. Pizarnik-
No sé durante cuánto tiempo
mi memoria será
capaz
de almacenar recuerdos,
de recordar recuerdos
por sí sola.
Por el propio paso del tiempo.
peso
No sé hasta qué punto será
consciente
mi desordenada mente
de lo real,
de lo ya vivido,
de lo i(ni)maginable,
de los sueños aún en estado de espera,
de los sueños rotos,
también de los ya cumplidos.
De quién ha vivido
o está viviendo en mí. Ahora.
En unas horas, meses, años.
Cuando quiera que se lo pueda preguntar
y se lo pregunte.
Con quién comparto latidos.
Por quién. Por qué.
De mis ganas de vivir
después de morir unas cuántas veces
cada cierto tiempo.
Después y durante cada arañazo,
golpe.
Antes.
Del sexo.
De nuestra forma de amar,
querer(nos destrozar).
No sé hasta qué punto podrá
saber quién soy.
Reconocerme.
Por eso escribo.
Por eso me encantan las fotografías.
Fotografiar.
Es más,
es una necesidad vital.
Como respirar.
Mi necesidad vital,
como amar.
Amarte.
Como el mar, inmenso.
Por eso.
Por no querer olvidar.
Por el miedo al hueco que deja lleno
de vacío el olvido.
Por estar al borde de,
sin dejar de mirar
ni dejar de vivir.
Por ti.
Por mí.
Por la vida.
Por MI vida.
Por este miedo que
me recorre los huesos.
Por este miedo que se corre
en mí, muy a mi pesar.
martes, 12 de agosto de 2014
La libertad del salvaje huracán
"Porque los nombres que pronunciabas antes ya no son los
mismos
han cambiado los sonidos de todas las ciudades en las que
viviste
ya no ocurre igual dentro de tu pecho
ni en esta habitación
ni en esta palabra
ni en ningún idioma."
- Isabel García Mellado -
con rabia, con distancia, con tiempo al tiempo,
con miedo al silencio.
Con silencio.
A gritos.
A besos.
A versos.
En mi propio eco
como en tu garganta.
En otros cuerpos.
En otros nombres.
Hombres.
Tú no.
Tú ya no.
Nunca más
siempre
contigo.
Abriendo heridas
como si abriera cartas que llegan
cuando menos me espero.
Que lleguen.
Que seas tú.
Vivo. Dejándome moldear por otras manos
-que sujetan fuerte
pero sin ahogar-
la piel, las caricias.
Como quiero.
Cómo quiero.
Qué tacto tenías, joder. Que haberte pillado
las manos en las ventanas que cerrabas
para salir de espaldas por la misma puerta
de entrada.
Entreabierta. Para otras.
Eras jaula.
Me abrí en ti
para escapar.
Vivo la poesía con doble de hielo y
sin la prisa
con la que no pude vivirte a ti.
Con nostalgia. De mí.
Con saliva propia y de otros
para cicatrizar heridas
aunque el veneno de otras bocas
escueza. Como tú.
Guardando las maneras
(con que nos teníamos)
y perdiendo las formas
de encontrarnos de nuevo,
más viejos. Sí.
Pero, tal vez, más felices
aún habiéndonos dejado. Tan rotos.
Tan llenos de,
tan abandonados,
tan descuidados.
Fuimos.
Tantas palabras
haciendo de única arma mortal.
Cabezas que vuelan. Corazones.
Sólo sexo.
Tú lo llamaste amor
y no me lo creí.
No pudiste demostrarlo
tal y como me querías:
desnuda para ti
y también para otros.
Siendo pájaro entre cientos de cuervos volando
esperando matar.
Matarme.
Por hambre.
Siendo el polvo que queda acumulado
en superficies, pero por superficialidad.
Después de nuestro último polvo. Cenizas.
Durante.
Arañazos.
Derrumbe.
Porno.
Desastre.
Poesía.
Frenesí.
Curiosidad.
Soledad.
Cáncer emocional,
de sueños.
Qué hostia te has dado
conmigo.
Después de ti
sé que existe la vida
en nuevos principios.
En mejores precipicios.
En peores lluvias aprendí
a bailar mejores tangos.
Descalza sobre cristales.
Sigo.
Saltando
sin paracaídas.
Ahora no caigo; vuelo.
Más. Bien.
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