Te leo con la levedad de una caricia
todos los poemas que necesites.
En voz bajita,
viéndote, sintiéndote, latir muy fuerte.
Te miro salvajemente a los ojos
como la fiera que llevo dentro
y aún desconoces.
Te escribo con las manos porque
el corazón ya se pilló los dedos
en puertas y ventanas.
Pero toda la tinta es sangre
y tú me corres por las venas.
Te siento con los cinco sentidos
hasta inventarnos otro más.
O varios.
Mientras te quedes.
Te quiero de todas las formas posibles,
ya inventadas,
reinventadas
y desconocidas.
Te quiero a mi lado.
Joder, eso no lo olvides.
"Me contaron que saber retórica es como saber amar con la palabra exacta. (...) Me contaron. Me convencieron. Que saber amar no es como saber amar. O sí. Quizá. Amar, pero más fuerte". - Luna Miguel -
domingo, 27 de abril de 2014
sábado, 19 de abril de 2014
Te estaba viviendo o matándome
He probado sonrisas
que tenían el sabor más puro
a vida
y muerte.
Muerte
si tardaba mucho tiempo
en volver a besarlas.
Sonrisas que
me hacían creer estar soñando
con los ojos abiertos pero,
sin embargo,
estaba viviendo la mejor realidad de todas.
O eso creía.
Te estaba viviendo.
O matándome.
Sonrisas que sabían a menta y tabaco,
otras a vainilla o café.
A cerveza.
A sexo.
A mí.
A poesía en tu espalda, mi vida
hecha jirones.
Al final, a mentiras.
Sonrisas que contenían la excitación
e instintos más primarios.
Sonrisas de noche de hotel
y habitación desconocida.
De cama enorme
y abrazos que no terminan de serlo.
De sueños y promesas incumplidas.
Otra vez.
Sonrisas de animal que enseña bien los dientes
para clavármelos a bocados después.
Sonrisas que duelen pero
salvan a la vez.
Sonrisas que salían bailando entre dientes
de la misma
y hasta entonces
única boca
que me apetecía morder.
Sonrisas que me pertenecían
y acusaban de culpable.
Todasson de él.
eran
que tenían el sabor más puro
a vida
y muerte.
Muerte
si tardaba mucho tiempo
en volver a besarlas.
Sonrisas que
me hacían creer estar soñando
con los ojos abiertos pero,
sin embargo,
estaba viviendo la mejor realidad de todas.
O eso creía.
Te estaba viviendo.
O matándome.
Sonrisas que sabían a menta y tabaco,
otras a vainilla o café.
A cerveza.
A sexo.
A mí.
A poesía en tu espalda, mi vida
hecha jirones.
Al final, a mentiras.
Sonrisas que contenían la excitación
e instintos más primarios.
Sonrisas de noche de hotel
y habitación desconocida.
De cama enorme
y abrazos que no terminan de serlo.
De sueños y promesas incumplidas.
Otra vez.
Sonrisas de animal que enseña bien los dientes
para clavármelos a bocados después.
Sonrisas que duelen pero
salvan a la vez.
Sonrisas que salían bailando entre dientes
de la misma
y hasta entonces
única boca
que me apetecía morder.
Sonrisas que me pertenecían
y acusaban de culpable.
Todas
eran
domingo, 19 de enero de 2014
Quiero besar a tus monstruos para que te calmes.
Anoche llegó,
él,
otra vez,
sin estar aquí,
estando a más de mil kilómetros,
a decirme que no sabía cómo
había vuelto a casa.
Pero que ya había llegado.
No recuerdo exactamente qué hora era pero,
no era temprano
ni tampoco demasiado tarde.
Aún estaba despierta,
leía algo de César,
después de volver a casa del curro.
No me apetecía nada retomar los apuntes
que había dado por imposibles esa misma tarde.
Me entretuve además viendo caer la lluvia,
moviendo los pies al ritmo de sus golpes en el cristal de la ventana.
Detalles.
Me dijo que allí hacía frío pero que le daba igual.
El invierno es otra cosa, me hizo entender;
y a veces tiene mucho que ver con el hueco de mi ausencia,
y toda esa mierda.
Yo que aún estoy por llegar.
'Pero estás, y es lo que importa'.
Siguió diciéndome que no estaba orgulloso de lo que había hecho,
esa noche;
que Ella tenía la culpa
de sentirse así.
Al menos la mayor parte.
De no reconocerse ahora ante un espejo.
De seguir llenando vasos
que veía vacíos
después de ser él mismo quien los vaciase.
Me confesó que había bebido,
y mucho.
Que también había fumado,
cuando eso es algo que jamás se le había pasado por la mente.
Fumar.
Creo que es de esas cosas que pasan
y no puedes,
ni quieres evitar,
cuando no tienes unos labios que llevarte a la boca
en ese momento.
-Cuando quieres olvidarte de todo,
sin éxito-.
Más que por placer,
que también,
por necesidad.
Cuando ya no sabes dónde meterte
ni encuentras las formas de salir de donde estabas.
Ha vuelto a perderlas.
Las formas, digo.
Él ha vuelto a perderse.
Y a mí me hubiera gustado encontrarle en ese momento,
justo en ese preciso instante,
y compartir un posible cáncer de tanto humo
y nicotina.
Un piti,
un peta,
o toda una noche entera a su lado.
Nada más.
él,
otra vez,
sin estar aquí,
estando a más de mil kilómetros,
a decirme que no sabía cómo
había vuelto a casa.
Pero que ya había llegado.
No recuerdo exactamente qué hora era pero,
no era temprano
ni tampoco demasiado tarde.
Aún estaba despierta,
leía algo de César,
después de volver a casa del curro.
No me apetecía nada retomar los apuntes
que había dado por imposibles esa misma tarde.
Me entretuve además viendo caer la lluvia,
moviendo los pies al ritmo de sus golpes en el cristal de la ventana.
Detalles.
Me dijo que allí hacía frío pero que le daba igual.
El invierno es otra cosa, me hizo entender;
y a veces tiene mucho que ver con el hueco de mi ausencia,
y toda esa mierda.
Yo que aún estoy por llegar.
'Pero estás, y es lo que importa'.
Siguió diciéndome que no estaba orgulloso de lo que había hecho,
esa noche;
que Ella tenía la culpa
de sentirse así.
Al menos la mayor parte.
De no reconocerse ahora ante un espejo.
De seguir llenando vasos
que veía vacíos
después de ser él mismo quien los vaciase.
Me confesó que había bebido,
y mucho.
Que también había fumado,
cuando eso es algo que jamás se le había pasado por la mente.
Fumar.
Creo que es de esas cosas que pasan
y no puedes,
ni quieres evitar,
cuando no tienes unos labios que llevarte a la boca
en ese momento.
-Cuando quieres olvidarte de todo,
sin éxito-.
Más que por placer,
que también,
por necesidad.
Cuando ya no sabes dónde meterte
ni encuentras las formas de salir de donde estabas.
Ha vuelto a perderlas.
Las formas, digo.
Él ha vuelto a perderse.
Y a mí me hubiera gustado encontrarle en ese momento,
justo en ese preciso instante,
y compartir un posible cáncer de tanto humo
y nicotina.
Un piti,
un peta,
o toda una noche entera a su lado.
Nada más.
(Fumar.
Es respirar el humo de tus miserias,
prender fuego a tus lágrimas,
a tus penas.
Besarte por dentro a base de mechero.
Es fundirte el dinero
cuando no hay para cerveza
o cuando no encuentras a ese alguien que te entienda).
Eso me ha dicho hoy
y me he roto un poco más por dentro
porque no sólo sé de lo que habla,
lo siento.
Esa espinita que tiene,
más que clavada,
atravesándole el cuerpo,
entre pecho y espalda,
pasando tan cerca del corazón,
anoche chocó con todas mis heridas entreabiertas.
-Joder, cómo dolían.
Cómo no pudimos evitar dolernos-.
En una canción
bailamos
sobre nuestro propio charco de lágrimas
y sangre.
- Demons-.
En el reflejo del agua nos reconocimos
como niños.
Perdidos.
Los dos.
Él allí,
a solas,
yo aquí
queriendo estar pisando sus miedos.
Dejándolos a un lado.
Barriéndolos hacia afuera.
Echando todo lo que le estorba dentro.
Con él.
Aún se siguen dando puñaladas
por la espalda
mientras nos sonríen de frente,
nos clavan la mirada
cuando en los ojos
nuestro silencio pide a gritos abrazos.
Uno, al menos.
Uno, de tantos.
He sentido el filo de sus versos
cuando he leído lo que escribe.
A veces parecen cuchillas afiladas.
Y yo, que me creo malabarista
siendo una auténtica gilipollas,
juego con ellas entre mis manos.
Me metí de lleno a dejarme arañar
y acariciar a partes desiguales.
Depende de la emoción el placer,
el dolor
y los daños colaterales.
Él,
vértigo.
Hasta el miedo podría temerle.
Y eso él tampoco lo sabe.
He sentido el calor de sus brazos
sin tocarme
cuando sus intenciones han sido
mantenerse vivo una noche más.
Cuando sus intenciones primarias
o urgentes
han sido hacerme sonreír y reír
hasta conseguir salvarme
(de mí misma, también),
y salvarle,
al mismo tiempo,
con mis maneras,
de otra huida.
Como el beso después de un orgasmo,
como correrse a la vez.
Como ser menos cobardes.
Cómo.
Cree que mis ojos son dos faros
y sigo sin entender dónde encuentra las luces
-con la de veces que las he buscado
por no ir a tientas
(y a golpes)
por mi vida
con todo a cuestas-,
con las que a veces decide
y se arriesga
a guiarse.
Por mi camino de piedras,
de escombros,
de ruinas.
Anoche tuve el placer de escucharle
y reescucharle
a través de una nota de audio.
Créedme.
Tiene esa voz
que me gustaría escuchar
y oír
a todas horas
revolviéndome la vida,
maquillando el dolor de las ausencias
con tan solo hacerse notar
como presente.
Hace música entre los dientes.
Envidio a su paladar por el gusto que tiene
al bailar con su lengua
todas las canciones que vibran entre sus cuerdas vocales.
Envidio a sus pestañas
y a sus ojos que, con la luz,
parecen querer ser verdes;
y cómo sus párpados se cierran
invitándole a soñar.
Porque tiene que ser tan bonito verle soñar...
Vivir con.
Vivirle.
jueves, 16 de enero de 2014
Con descaro, te necesito.
No me voy a privar estas ganas de decirte
ni me voy a censurar
a la hora de contarte
ni a las dos horas
ni a las tres
ni, joder...
No me voy a callar esta noche
porque no estás tú para callarme.
Puede que caiga rendida en un sueño
y no a tus pies pero,
déjame decirte,
que masturbarse es como pedir últimas copas
que no acaban nunca
al fondo de la barra en un bar
mientras otros bailan canciones que odias
y no suena nunca tu canción favorita.
Eso,
me entiendes.
Pregunto.
Eso y que...
Ojalá esta noche estuvieras aquí,
guitarra en mano
para tocar como te atreves a tocarme,
para inventar
otra forma
de crear
melodías compatibles
con la fuerza de tus orgasmos.
Ojalá esta noche estuviera allí
haciendo equilibrio en las baldosas de las calles
que me llevan hasta tu casa
para bailarte bajo las sábanas
en las líneas de las palmas de tus manos
todos los tangos
que estuvieras dispuesto a lamerme.
Sé del cielo de tu boca
y también que te echo de menos.
Ojalá esta noche un abrazo
también encajase entre tus piernas
-tan bien-
nuestros cuerpos.
Desnudos.
Sedientos.
Hambrientos.
Violentos.
ni me voy a censurar
a la hora de contarte
ni a las dos horas
ni a las tres
ni, joder...
No me voy a callar esta noche
porque no estás tú para callarme.
Puede que caiga rendida en un sueño
y no a tus pies pero,
déjame decirte,
que masturbarse es como pedir últimas copas
que no acaban nunca
al fondo de la barra en un bar
mientras otros bailan canciones que odias
y no suena nunca tu canción favorita.
Eso,
me entiendes.
Pregunto.
Eso y que...
Ojalá esta noche estuvieras aquí,
guitarra en mano
para tocar como te atreves a tocarme,
para inventar
otra forma
de crear
melodías compatibles
con la fuerza de tus orgasmos.
Ojalá esta noche estuviera allí
haciendo equilibrio en las baldosas de las calles
que me llevan hasta tu casa
para bailarte bajo las sábanas
en las líneas de las palmas de tus manos
todos los tangos
que estuvieras dispuesto a lamerme.
Sé del cielo de tu boca
y también que te echo de menos.
Ojalá esta noche un abrazo
también encajase entre tus piernas
-tan bien-
nuestros cuerpos.
Desnudos.
Sedientos.
Hambrientos.
Violentos.
viernes, 27 de diciembre de 2013
Cabrones e hijos de. hay en todos sitios
Nos tiran de la lengua.
Esperando oír lo que quieren
sin saber escuchar
los latidos del corazón
como golpes en la garganta
atascado entre cuerdas
que estrangulan
vocales
abriéndose paso entre dientes
latiendo fuerte
fuentes
de emociones y miedos
vómitos sin suerte
mientras asienten,
ellos,
los muy cabrones,
con la sonrisa más puta
dibujada en la cara,
que aquí no ha pasado nada.
Se lavan las manos en sangre
se bañan en fango
y aún así con esas y con otras
creen salir mucho más limpios.
Se atreven a doler a ojos cerrados
como quien hace daño queriendo
sin querer
ser consciente de que lo ha logrado.
Nos tiran de la lengua.
Esperando oír lo que quieren
sin saber
sin tener ni puta idea de.
Que el diablo sabe mucho más por viejo.
Nos tiran de la lengua
al cuello
y a matar.
Y no nos consiguen
ni por las malas ni por las peores
como todos ellos quieren:
siguiendo como ovejas al que dice ser pastor
por un campo muerto
con miedo a que ese perro viejo que ladra
sepa morder de verdad.
Y mucho menos olvidar que aquí seguimos,
que no estamos solos
que puestos a sudar
vamos a luchar
hasta darlo todo
por un poco de estabilidad al volar.
Esperando oír lo que quieren
sin saber escuchar
los latidos del corazón
como golpes en la garganta
atascado entre cuerdas
que estrangulan
vocales
abriéndose paso entre dientes
latiendo fuerte
fuentes
de emociones y miedos
vómitos sin suerte
mientras asienten,
ellos,
los muy cabrones,
con la sonrisa más puta
dibujada en la cara,
que aquí no ha pasado nada.
Se lavan las manos en sangre
se bañan en fango
y aún así con esas y con otras
creen salir mucho más limpios.
Se atreven a doler a ojos cerrados
como quien hace daño queriendo
sin querer
ser consciente de que lo ha logrado.
Nos tiran de la lengua.
Esperando oír lo que quieren
sin saber
sin tener ni puta idea de.
Que el diablo sabe mucho más por viejo.
Nos tiran de la lengua
al cuello
y a matar.
Y no nos consiguen
ni por las malas ni por las peores
como todos ellos quieren:
siguiendo como ovejas al que dice ser pastor
por un campo muerto
con miedo a que ese perro viejo que ladra
sepa morder de verdad.
Y mucho menos olvidar que aquí seguimos,
que no estamos solos
que puestos a sudar
vamos a luchar
hasta darlo todo
por un poco de estabilidad al volar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)