miércoles, 1 de julio de 2015

Cuando beso tu boca
no existe el miedo.
Desde que existes 
en mi vida y
comparto la vida contigo,
creo en el amor
y te amo
porque me enseñaste
y me enseñas 
a diario
a quererme
a mí primero.

domingo, 24 de mayo de 2015

Apriétame contra tu pecho si me ves llorar



Lo siento.

Siento si a veces no me sale la voz
para decir te quiero.

Lo siento

               t  a  n  t  o

que acabo llorándote
esas dos palabras
y todos mis sentimientos
en tu hombro izquierdo
mientras te abrazo.
Como si me fuera a despedir de ti
para siempre sin querer hacerlo.
Sin querer despedirme de ti.

Como si fuera la niña del parque
que ha perdido de vista a su madre
por un momento
y deja de jugar,
sin saber a dónde ir
ni qué hacer
ni a quién preguntar si la ha visto.
A ella. A quien le dio la vida. A Mamá.

Como si la sal de mis lágrimas
solo fueran capaces de curar
un corazón: el tuyo.

Como si mi voz sonase constantemente
a cristales estrellándose contra el suelo.
A mi vida estrellándose contra el suelo.

Déjame llorar,
no evites que lo haga.
No temas.
No me temas.
No me tengas miedo.

Déjame llorar,
déjame renacer en cada lágrima
mientras me aprietas contra tu pecho
y me acaricias el pelo
en silencio.

Sé que es contigo,
que eres tú
entre tantas personas,
con quien puedo hacerlo.

Sé que eres tú
con quien mis lágrimas
y la vida
duele menos.

domingo, 5 de abril de 2015

El vientre
que es bestia,
que es hogar,
que es vida,
que es duda,
que es sangre.

El vientre
que es bosque,
que es ciervo,
que es ceguera 
y hambre,
que es tumba,
que es miedo,
que son alas,
que no es vuelo,
que es grito.

El vientre
que es verdad,
que es madre,
que es nido,
que no es pájaro.

El vientre
que es quimera,
que es llanto,
que es desgarro,
que no existe.

miércoles, 21 de enero de 2015

Metáforas en el vientre

"no he nacido
no he muerto"

Alejandra Pizarnik



El sol le nace en el vientre
a la mujer más bella de mi vida.
Esa que aún no es niña.
Esa que aún no es.

La he soñado.
Tenía los ojos del color de
las cosas que mira.

Su boca,
perfectamente
alineada con la vida.
Intensa de mente y corazón.

No se parecía demasiado a mí,
pero era nuestra.

Pero aún no.

sábado, 11 de octubre de 2014

Tres susurros
en clave de "bah,
no quiero vivir."
Un grito.
Y otro.
Otro más.

Nadie contesta.
Nadie nunca lo hizo,
pero todos rieron
mientras pedía auxilio.

Le pesa más el alma
dolida, maltratada,
que el cuerpo.

Todos rieron.
Todos ríen, dándole siempre
la cruz
que ella lleva a cuestas
cuando se desploma.
Nunca dan la cara.
Temen las consecuencias.
Nunca nadie es tan fuerte
como aparenta.

Las apariencias, ya las conoces.
A los hijos de puta, también.
Se les ve venir.

Ella se soltó el pelo,
deshizo su trenza.
Lo dejó caer en su espalda,
libre,
como no pudo ser.
Hasta ahora. 
Esta vez ella elegía.
Ella, nadie más.

Un llanto le nace de dentro
de las heridas,
aún abiertas,
aún sangrando,
al ver un mechón de pelo
caer al suelo.

-"Lo siento"- se dice.

Un llanto amargo
que no cesa,
que no cura,
que ahoga.

Un grito.

Nadie contesta.

Su piel, blanca
como la luz al final del túnel.
Ya no alberga esperanza alguna.
Pocas veces la ha besado el sol
para estar tan llena de pecas.

Odiaba que otros odiaran sus pecas.
Era lo único que tenía.
Es lo que más ama.
Odiaba odiar estar rozando con los dedos
el filo de la navaja que llevaba en las manos.
Era frío. Se daba miedo a sí misma.
Se tenía pánico
en ese instante
que lo cambiaría todo.
Se había desnudado ya de valor.

Ahora la prisa por vivir es la misma
que la hace querer estar muerta.

Ya no hay gritos
ni llantos
ni susurros.
Ahora sólo queda el continuo goteo
de su sangre marcando el tiempo 
muerto, manchando los pétalos
de las flores del parque
que tiene a su alrededor,
la tierra aún húmeda de la lluvia
de la noche anterior,
haciendo que el silencio,
una vez más,
no exista.

Poco a poco 
se irá apagando su vida
para que nadie más ría.

Demasiado tarde 
para llorar por ella.