Su ombligo es miel de abeja vieja.
Sus ojos son dos girasoles ciegos,
una vela consumiéndose.
Sus manos son las pinzas endebles que
sujetaban su fino cabello
cuando era niña.
Su boca es un túnel donde no existe la luz,
un parque sin niños donde jugar a reír,
un parque donde jugar a ser niños eternamente,
un manantial de agua turbia por miedo.
Su cuerpo es el sueño de la vida
oliendo a lluvia.
Su piel tiene el color de un recién nacido
a punto de morirse.
Sus piernas han decidido abandonar el camino y
permanecer inmóviles el resto de la huida.
Sus oídos siguen atentos a cada pizca de viento
que sopla y
le mueve la blusa,
sus oídos siguen conociendo las canciones
que ya nadie le canta
-por eso llora,
no quiere caer en el silencio
irrompible.-
Sus caderas se han acabado rompiendo con los
pasos de baile que no da con el amor de su vida.
Los médicos aseguran
que la recuperación será larga y pesada.
Ha olvidado el nombre de quien la trajo al mundo
y de quien la cuida hoy, desde hace tiempo y para siempre.
Besa, con sus labios temblorosos y agrietados,
cada mañana las manos de papá
en una fotografía.
Ansía los hijos de más que no tuvo entonces
ahora anclados como semillas en su diminuto vientre púrpura,
mamando luego al nacer
de su pecho.
Se tumba en la cama
y reza que quiere acompañar a Dios
allá donde quiera que esté.
Tiene la fuerza de quien llora cuando es consciente
de la muerte de un ser querido.
Patalea.
Gime.
Se enfada.
Llora como si rompiera a reír
a carcajadas
mientras se devasta por dentro
su mundo interior.
Cree que está sola,
pero no se ha marchado nadie
que no haya arrancado la muerte de su lado.
"Me contaron que saber retórica es como saber amar con la palabra exacta. (...) Me contaron. Me convencieron. Que saber amar no es como saber amar. O sí. Quizá. Amar, pero más fuerte". - Luna Miguel -
jueves, 8 de octubre de 2015
miércoles, 1 de julio de 2015
domingo, 24 de mayo de 2015
Apriétame contra tu pecho si me ves llorar
Lo siento.
Siento si a veces no me sale la voz
para decir te quiero.
Lo siento
t a n t o
que acabo llorándote
esas dos palabras
y todos mis sentimientos
en tu hombro izquierdo
mientras te abrazo.
Como si me fuera a despedir de ti
para siempre sin querer hacerlo.
Sin querer despedirme de ti.
Como si fuera la niña del parque
que ha perdido de vista a su madre
por un momento
y deja de jugar,
sin saber a dónde ir
ni qué hacer
ni a quién preguntar si la ha visto.
A ella. A quien le dio la vida. A Mamá.
Como si la sal de mis lágrimas
solo fueran capaces de curar
un corazón: el tuyo.
Como si mi voz sonase constantemente
a cristales estrellándose contra el suelo.
A mi vida
estrellándose contra el suelo.
Déjame llorar,
no evites que lo haga.
No temas.
No me temas.
No me tengas miedo.
Déjame llorar,
déjame renacer en cada lágrima
mientras me aprietas contra tu pecho
y me acaricias el pelo
en silencio.
Sé que es contigo,
que eres tú
entre tantas personas,
con quien puedo hacerlo.
Sé que eres tú
con quien mis lágrimas
y la vida
duele menos.
domingo, 5 de abril de 2015
El vientre
que es bestia,
que es hogar,
que es vida,
que es duda,
que es sangre.
El vientre
que es bosque,
que es ciervo,
que es ceguera
y hambre,
que es tumba,
que es miedo,
que son alas,
que no es vuelo,
que es grito.
El vientre
que es verdad,
que es madre,
que es nido,
que no es pájaro.
El vientre
que es quimera,
que es llanto,
que es desgarro,
que no existe.
que es bestia,
que es hogar,
que es vida,
que es duda,
que es sangre.
El vientre
que es bosque,
que es ciervo,
que es ceguera
y hambre,
que es tumba,
que es miedo,
que son alas,
que no es vuelo,
que es grito.
El vientre
que es verdad,
que es madre,
que es nido,
que no es pájaro.
El vientre
que es quimera,
que es llanto,
que es desgarro,
que no existe.
miércoles, 21 de enero de 2015
Metáforas en el vientre
"no he nacido
no he muerto"
Alejandra Pizarnik
El sol le nace en el vientre
a la mujer más bella de mi vida.
Esa que aún no es niña.
Esa que aún no es.
La he soñado.
Tenía los ojos del color de
las cosas que mira.
Su boca,
perfectamente
alineada con la vida.
Intensa de mente y corazón.
No se parecía demasiado a mí,
pero era nuestra.
Pero aún no.
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